Reseña de Concurso Ronin: LA CIUDAD BLANCA

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Los pasos para votar están al final del post.

 

Un lector va a una estantería de una librería de género, de esas que tan poco abundan pero que atraen a tantos lectores ocultos como un aquelarre de la literatura contemporánea. Se detiene en la estantería de fantasía y ve brillar una novela que tiene un título clásico y revelador. Leyendas de Lácenor. ¿Su autor? Joaquín SanJuan, un paladín de la fantasía que lleva a su espalda cuatro premios y siete nominaciones como creador, y es el autor de cinco novelas y tres libros de ensayo; además, ha colaborado hasta en ocho antologías y trece cómics (casi siempre como guionista).

De entrada, abruma. Pero el lector no se asusta, no puede, porque para él lo que importa es la obra, el ejemplar que tiene ahora entre sus manos y ya curiosea.  El lector, casi siempre, no sabe de carreras ni prestigio, y simplemente se deja guiar por cuestiones externas a lo que un escritor y su obra representan: una contraportada, una ilustración, un título; cuestiones inmediatas. Este último evidencia que no es un libro independiente; Leyendas de Lácenor, La Ciudad Blanca parece el primer tomo de una saga, quién sabe de cuántas entregas. Pero no importa, porque al lector lo que más le interesa es empezar a leer. A primera vista le ha convencido, así que se acerca al mostrador, paga la novela y, dependiendo de su voracidad y su ansia, empieza a leer antes o después -en la calle, en el metro, en su casa…-, pero siempre con curiosidad y con una pregunta en la cabeza: ¿qué me quieres contar? Más tarde o más temprano, el lector se verá inmerso en sus páginas, y, uno de esos lectores, llegará a pensar lo siguiente:

LA CIUDAD BLANCA RGB

Lácenor es un mundo de fantasía tolkeniana clásica, un mundo donde elfos, humanos, enanos, orcos y otras razas y criaturas viven en una segregación evidente según diversos estados repartidos por el territorio: Montañas Vorgrim para los enanos, Madoria para los humanos, Bosque de Plata para los “eldataure” (presumiblemente, elfos del bosque o los conocidos comúnmente como “elfos silvanos”)… Aunque no se nos explica demasiado, sabemos por algunas referencias en el texto que esas razas, a su vez -igual que en el mundo creado por Tolkien- parecen determinadas por algún tipo de comportamiento concreto en virtud de su especie (los orcos -en este caso, semiorcos- son violentos y fuertes; los elfos, gráciles; los enanos, perseverantes y leales, etc.). Por tanto, se trata de un mundo familiar para todo lector de fantasía, en el que se sentirá cómodo aceptando los tópicos del género. Por otro lado, el tiempo histórico parece estar ubicado (no hay datos demasiado claros al respecto) en una Edad Media nebulosa, sin demasiadas explicaciones tecnológicas o filosóficas, cosa que de nuevo concuerda con la matriz tolkeniana y el background mayoritario de la fantasía épica.

La historia se desarrolla principalmente en Orium, la “Ciudad Blanca” de la que habla el título. Blanca por la nieve del invierno durante el que se desarrolla la acción, pero también por la Orden Blanca de Cirn DeNekut, que jugará un papel fundamental en esta narración. Es este uno de los aspectos más originales de la novela: enmarcada dentro de la tradición de la fantasía épica, donde los hechos que ocurren determinan el destino del mundo, Joaquín Sanjuán prescinde del elemento típico del viaje, aunque parece algo simplemente secundario, ya que los problemas de la ciudad fronteriza no quedarán como un asunto interno. Tendrán que ser viajeros acostumbrados al combate, un grupo de aventureros formados por el enano Brakus, el semielfo Cuervo y la guerrera Sabryna -juntamente con Dharmia, una hechicera originaria de la ciudad- quienes intervengan definitivamente contra la lucha de poder que se lleva a cabo en Orium, afectando a todos sus habitantes.

Porque ese es el tema: la primera novela de la saga Leyendas de Lácenor se centra en una lucha de poder enmascarada como lucha entre los grandes preceptos morales: el bien y el mal. Conforme va avanzando la historia, veremos que la intervención de la Orden Blanca, supuesto adalid de la bondad, se transforma en una represión feroz en contra de las libertades de los ciudadanos de Orium con la excusa de extirpar el mal que había brotado en su comunidad. No nos engañemos: el conflicto no demuestra que  tanto el bien como el mal son perjudiciales para los pobres  ciudadanos de la “ciudad blanca”; los agentes del bien siguen siendo los benefactores del mundo (como se ve al observar a otros emisarios del bien), y tan sólo la Orden Blanca, comandada por Cirn DeNekut, es la que se “desvía” de la senda, instaurando un orden represivo en la ciudad fronteriza, con terribles consecuencias para sus habitantes.

Por otro lado, es difícil hablar de un protagonista claro en esta novela. En este sentido, es verdad que el prólogo narra acontecimientos pasados de la vida de Cuervo, el eldayar, y podría considerarse como protagonista hasta cierto punto. Sin embargo, al empezar la novela propiamente dicha, el primer personaje que aparece, después de una breve contextualización, es Cirn DeNekut, y la narración focaliza su atención en su punto de vista en tantas ocasiones que él también podría asumir el papel principal de la narración. Además, vivimos los acontecimientos a través de todos los demás aventureros o “héroes” de esta  novela (Brakus, Sabryna y Dharmia) e incluso desde el punto de vista de algunos ciudadanos y subordinados de Cirn. En general, esto da la sensación de una historia en la que el único protagonista es la ciudad, Orium, que se expresa a través de un narrador omnisciente, demostrando un punto de vista múltiple y complejo.

Finalmente, en cuanto a la propia historia, Leyendas de Lácenor, La Ciudad Blanca, sigue el esquema básico del principio-nudo-desenlace temporalmente unidireccional (salvo algunos párrafos sueltos de vivencias pasadas o flashbacks, contados por boca del narrador o de los propios personajes), con una historia autoconclusiva que, a pesar de todo, deja algunos flecos sueltos para encaminar la segunda parte, especialmente al final. Y en todos los hechos ordenados por ese esquema, lo que más resalta es la acción, y de la sangrienta: prácticamente la totalidad del nudo se centra en la resolución de un conflicto armado principal que, poco a poco, se va complicando y alargando hasta un punto sólo posible para verdaderos héroes de leyenda, ya que llega a ocupar casi la mitad de toda la novela. Esto hace que el clímax se destense poco a poco y mantenga la intensidad dramática a un nivel más bajo pero constante. Además, dado que el momento de la batalla es tan largo, las escenas en que no aparece la violencia parecen más puestas para generar un contrapunto que por tener un valor dramático o narrativo real.

Pero al lector le sigue quedando la duda formulada al principio: ¿qué quiere contarme Joaquín Sanjuán con esta  historia? Al parecer, lo que se explica es una historia sencilla, de esas que se cuentan al calor de la lumbre. Probablemente, como muchas veces en el mundo de la fantasía, una buena partida de rol haya sido la causante de esta historia hecha para divertirse y no para hacerse grandes preguntas. Leyendas de Lácenor, La Ciudad Blanca, es una historia para maravillarse con grandes héroes que no siempre luchan contra el mal, sino también contra las avaricias de algunos hombres dudosamente buenos. Así, se une a la gran corriente de colaboradores del aquelarre oculto que es el mundo de la literatura fantástica, que cantan odas distintas al mismo dios de la imaginación libre y festiva. Quizás en eso consista todo: en un gran juego para vivir muchas vidas y no tener que conformarse sólo con una.

 

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