WEIRD WEST VOLUMEN 1, Varios autores

En 1981 se publicó “Cazadores de vampiros” en los bolsilibros de Editorial Bruguera. Desde entonces, esta novela de Lem Ryan ha devenido en obra de culto. Y ahora, Delorean la recupera como inicio de una saga de aventuras ambientadas en el Oeste y con las criaturas sobrenaturales de por medio. Junto a ella, se incluyen dos secuelas directas de la novela de Lem Ryan con dos aportaciones más de Raúl Montesdeoca y Carlos Díaz Maroto, que componen un volumen unitario de tres “novelas de a duro”, inicio de una colección trepidante. ¡Únete a Jonathan McIntire y su grupo de cazadores contra el pérfido Conde Drácula y sus huestes de vampiros! Todo ello, en un Oeste poblado por pistoleros, saloones, linchadores y todas las constantes de un género unido al ambiente de una película de la Hammer. Y esto solo es el principio…

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Las tres novelas que incluye este volumen están escritas con estilos diferentes que pueden llegar a una gran variedad de público. Los hechos suceden con muy poca diferencia de tiempo y puede leerse como si fuera una sola novela con tres partes, pero a la hora de reseñarla voy a optar por hacerlo por separado, ya que la pluma de cada autor aporta unas características muy específicas a cada una de ellas.

Cabe añadir que no es imprescindible leérselas todas para entenderlas, debido a que las posteriores recuerdan los hechos importantes que precedieron cuando es necesario, pero recomiendo hacerlo. Los tres son textos de calidad y ver como abordan la historia con estilos distintos lo convierte en un volumen con unos contrastes muy interesantes.

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A continuación abriré tres sub-apartados en los que pasaré a reseñar las novelas de forma individual:

Cazadores de vampiros

Portada original de 1983
Portada original de 1983

Jonathan McIntire es un joven adinerado, que se describe a sí mismo como vividor y truhán, que se fue de su casa para vivir la buena vida en Inglaterra. Pasados los años decide volver a su San Francisco natal para reencontrarse con sus raíces.  Su vuelta coincide con la llegada de Jonathan Baker, que lleva consigo los restos de Drácula e intenta deshacerse de ellos.

Cogió su maletín dejado poco antes sobre la cama. Dentro estaba la razón de sus temores, el motivo por el que no podía vivir tranquilo durante una temporada, igual que le pasó durante tantos meses atrás.

McIntire conoce en el tren de llegada a San Francisco al Padre Hayes, un religioso que está de viaje por la muerte de un amigo suyo. Más tarde, volverán a encontrarse cuando descubran que tanto la muerte de su amigo, como una extraña enfermedad que afecta a Jezabel, el amor de juventud de McIntire, están relacionadas.

–La muerte es demasiado poderosa, amigo mío. Pero no hay que temerla, pues solo cumple la voluntad del Señor. Hay cosas peores que la Muerte. Mucho peores. Y más poderosas, pues incluso pueden vencer al Ángel Exterminador.

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El protagonista también se reencuentra con Harriet nada más llegar a la estación de tren. Es una antigua amiga de correrías que sigue viviendo en San Francisco y con la que aparentemente tiene una relación de hermano mayor. Aunque la muchacha ya es toda una mujercita, como se nos deja patente en muchas ocasiones.

–¡Harriet! –la reconoció enseguida, abrazándola, levantándola en vilo–. No te había reconocido… Estás más hermosa que nunca.

Vio la blanca, alabastrita mano de la joven Harriet Anderson, oprimiéndole. Levantó la vista y encontró sus ojos, profundos y azulados como el plácido y tranquilo océano que cruzó para llegar a América.

A lo largo de las diversas conversaciones que mantienen, se nos recuerda constantemente la belleza y la ternura de Harriet. Dulces indirectas van salpicando sus conversaciones, a las que McIntire apenas responde, manteniendo una pose distante que hace que las frases parezcan pactadas, quitándole naturalidad a los diálogos.

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No obstante, las escenas románticas nos ayudan a descubrir algunas cosas del pasado del protagonista y no impiden que la trama se vaya desarrollando. Los hechos se van desentramando poco a poco, permitiendo que el lector los paladee sumergiéndose en los entornos que el autor le ofrece.

Allí no había nadie que cuidase el cementerio. Por eso las hierbas, los altos matojos, cubrían la mayor parte de las tumbas sin respetarlas. Después de todo, la Naturaleza es así. Vuelve el polvo al polvo, para servir de abono a las plantas…

A pesar de que no estamos ante una novela de acción, no está exenta de ella. Los enfrentamientos son narrados con detalle y se centran más en el aspecto emocional del combate que en la acción pura y dura. Hay que recordar que la novela fue escrita en los años 80 y la literatura no estaba tan influenciada por el cine de acción, en el que impera lo visual y efectista.

Angustiado, sin importarle lo que pudiera pasar, logró empujar con sus piernas el hermoso pero diabólico cuerpo de [ ], apartándolo de sí, durante unos cortos instantes. Rugió la vampira, con ojos centelleantes. Un rictus maligno curvaba su boca.

Durante toda la novela estamos deseando ver a Drácula y ésta no nos defrauda en ese tema, ofreciéndonos un duelo final a la altura del resto.

Cuando ya hemos cogido aprecio a los personajes la novela termina. A pesar de que es un final cerrado agradeces saber que cuando gires la página te encontrarás con una secuela.

La Dinastía de Drácula

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Tras los hechos acontecidos en la novela anterior, algunos vampiros antiguos de diversas zonas del mundo deciden reunirse en San Francisco para planificar el futuro de la raza. Entre ellos están las hijas de Drácula.

El chino se acercó tímidamente hasta quedar al lado del cabrestante del coche, donde pudo observar que dos damas más ocupaban la diligencia en el lado derecho. Estas eran también unas beldades. De pelo largo, sedoso y negro como ala de cuervo. Tenían las dos cierto aire aristocrático y era evidente el parecido entre ambas.

 Ha pasado algo de tiempo y a McIntire le ha dado tiempo de instalarse y encontrar trabajo. Su relación con Harriet es tratada con algo más de naturalidad por este autor.

El tono de Harriet era hosco y seco. No estaba el horno para bollos por lo que parecía. Jonathan decidió insistir.

–¿Y sobre qué temas no podemos hablar? Creía hasta hace unos minutos que podíamos hablar libremente sobre cualquier cosa.

–¿Quieres que hablemos de tu hermana? ¿Quieres que hablemos de los dos sobrinos a los que no has querido conocer? ¿Cuándo vas a arreglar las cosas con tu familia? Seguro que son temas de los que no quieres hablar ¿Verdad?

Vemos que ya no interactúan de una forma tan idílica, incluso discuten entre ellos con familiaridad de problemas cotidianos, haciendo que su relación sea más creíble y amena para el lector.

En esta novela se nos presenta a un personaje nuevo llamado Shi Kwei. Es una mujer venida de china que llega a San Francisco persiguiendo a alguien –o a algo–. Cuenta con unas cualidades marciales cercanas a lo sobrehumano que incrementan las dosis de acción de la historia.

Aprovechando el impulso de la carrera Shi Kwei saltó hacia adelante, girando el cuerpo sobre sí misma para ir a caer sobre el trasportín del carro. Sus pies apenas tocaron la superficie de apoyo un segundo. De inmediato realizó un segundo salto, más impresionante si cabe.

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La acción está tratada con mimo, describiendo los movimientos del combate al detalle, aunque de una forma directa. Las artes marciales priman sobre los tiroteos –pero no temáis, también hay disparos– y hacen necesario ese detalle para que la escena no sea confusa.

El que venía por su izquierda agarró el brazo de Shi Kwei. La muchacha tiró de su propio brazo hacia atrás y el policía aumentó la presión de su presa. En ese instante Shi Kwei empujó hacia adelante, uniendo la fuerza del atacante a la suya y escapando así de su abrazo.

Con pequeñas pinceladas, se nos muestra una próspera San Francisco de finales de 1880 con una gran afluencia de inmigrantes. Tanto las corruptelas de los agentes de aduanas como la decadencia y aglomeración del barrio chino, contrastan con el ambiente cultural de la que fue llamada la París del Oeste.

Las calles eran estrechas y sin pavimentar en su mayoría. Los edificios grises, avejentados y descuidados. Podían verse los desconchones de pintura por doquier. El ambiente no era alegre y bullicioso como en la vieja China. Las miradas de los hombres eran tristes y se veía la desesperación reflejada en sus ojos.

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Al final nos deleitan con un duelo a dos bandas en el que se masca la tragedia y vemos a un McIntire muy maltratado tanto física como psicológicamente. Pero para conocer el porqué y si logra salir ileso, tendréis que leer la novela.

Al final, un pequeño epílogo nos deja entrever que derroteros puede seguir la tercera y última novela.

 

Los hijos de la noche

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En esta novela los hechos continúan inmediatamente después de la anterior. Mientras los protagonistas se recuperan del intenso combate anterior, una atroz tragedia sucede en el seno del grupo. Inmediatamente después aparece Van Helsing. McIntire y él emprenden una larga travesía por el sur de Estados Unidos en busca de los últimos retazos de la estirpe de Drácula.

Tomaron el tren atravesando todo el estado de Nevada, Colorado y Kansas, hasta por fin llegar a Saint Louis, en Missouri, una mañana nada más despuntar el amanecer.

El personaje de Van Helsing es un erudito de lo oscuro y con sus conocimientos esclarece la trama y le da un tono místico a la narración. Mediante sus recuerdos nos habla de Drácula y de sus motivaciones para combatirlo. También nos enseña con detalle rituales purificadores que, nunca se sabe, quizás algún día nos hagan falta.

Van Helsing extrajo del maletín una hostia y, alzándola, señaló con ella el norte; después la partió en cuatro mitades, y arrojó una hacia esa orientación, para después girar y repartir los trozos por los otros tres puntos cardinales de la sala. A continuación sacó un frasco de agua bendita y la desperdigó de igual modo, salpicando también los cadáveres.

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Pero los enemigos de los protagonistas también tienen sus propios rituales. A lo largo de la novela, el autor describe un buen número de situaciones grotescas que le dan un tono mucho más oscuro que las dos anteriores. Con minuciosidad nos relata situaciones no aptas para estómagos sensibles y mentes propensas a las pesadillas.

Su cuerpo se estremeció y se agitó como si estuviera sobre una hoguera. Después se detuvo y profirió un grito espantoso. Los cabellos comenzaron a desprenderse de su cráneo. A continuación, semejó que los huesos del rostro se agitaran en su interior, como olas en un mar. El torso emitió chasquidos, las costillas se sacudieron, los hombros se descoyuntaron. Parecía como si su cuerpo entero se deshiciera, para luego volver a reagruparse con una distinta morfología.

Pero lo más terrorífico de la novela –al menos a título personal– son los niños vampiro. Unas dulces criaturitas que acompañan a la Condesa y protagonizan varias escenas perturbadoras.

La muchachita extendió los brazos al tiempo que comenzaba a sollozar, y el religioso se agachó para acogerla, así pues no pudo ver cómo el chaval se apartaba y comenzaba a trepar por la pared, como una cucaracha, reptando hasta el techo. Luego, cayó sobre el hombre y empezó a clavar los colmillos en la nuca, desgarrando de manera furibunda. El monje manoteó, y la niña mordió sus dedos, cayendo varios de ellos al suelo.

Una vez en Missouri conocen a Amos Cesay, un hombre negro mediante el cual el autor introduce la temática del racismo en el sur de Estados Unidos. Constantemente está intentando mostrar su valía en contrapunto a los mensajes racistas que van surgiendo en torno a él, llegando a ser una pieza clave en la resolución de la trama.

Los negros en el oeste que quieren hacerse valer molan.
Los negros en el oeste que quieren hacerse valer molan.

–Hola, amigos –respondió el hombre bien vestido–. ¿Se les ha perdido algo por aquí?

–Venimos de paso –informó McIntire–. Vamos hacia Saint Louis.

–Pues no me gustaría entretenerles.

–Le agradezco su preocupación. ¿Sucede algo?

–Nada importante. Solo vamos a colgar a este negro.

Hijos de la noche es una novela de investigación con toques de gore que priman por encima de la acción, haciendo que el duelo final sea menos espectacular que los anteriores pero no por ello menos interesante.

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Esta ha sido una reseña ronin, escrita por un hombre sin amo y por eso debéis creerme si os digo que al acabar Weird West volumen 1, te queda la sensación de haber pasados tres buenos momentos –para ti, claro, porque él las pasa canutas– junto a Jonathan McIntire. Tres momentos muy distintos que te aportan cosas diferentes y que juntos hacen de esta trilogía un libro de entretenimiento eficaz en su cometido.

 

Ojalá McIntire saliera en más sagas.
Ojalá McIntire saliera en más sagas.
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